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Llamando está a mi puerta
ese mendigo harapiento
con la cara siempre cubierta
y su caminar lento.
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Partida tengo la aldaba
de tanto picar el portón,
llama y llama, y no acaba,
colarse quiere de rondón.
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A nadie indulta la edad,
de visita llegan las carnes flojas,
los surcos, la adiposidad,
la caída de las frescas hojas.
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La ansiedad nos hace mella,
la incertidumbre del qué pasará,
cuán honda será la huella,
si habrá un mañana, o un quizá.
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Ambigua se vuelve la faz,
ni el espejo nos reconoce ya
y sonriente y mordaz
nos hiere diciendo: ¡No serás joven, jamás!

Encumbro la vista al cielo
y ante tanta belleza me asombro
de no estar ciega todavía,
me inclino ante el omnisciente artesano
que hizo el cielo para albergarte
La Luna para alumbrarte
y de luceros sembró el camino.
2222
Fontana

Carpe diem...
Término con el que has marcado tu vida,
presente al que das la bienvenida,
futuro al que no das cabida,
y pretérito del que emprendes la huida.
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¿Se puede vivir sólo de momentos,
de cortos espacios de tiempo que se olvidan,
de minutos que aun siendo lentos,
por minúsculos, en ti no anidan?
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La vida es más pasado que presente,
de recuerdos se alimentan las mentes,
en las ilusiones se guarda la creciente
de instantes por vivir todavía ausentes.
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Carpe diem...
Nadie puede sostenerse en dos palabras
a no ser que, la caja de la memoria, abras,
que la vida no es sólo dos palabras...
La vida es el futuro que te labras.
2222
Fontana

Siempre me haces trampa,
vuelves tierno, manso,
para luego ese remanso
ser tormenta que no escampa.
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Vas y vienes a tus anchas,
juegas, lloras, suspiras, vives,
y después, sin más me escribes
queriendo borrar las manchas.
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¡Qué tortura representamos,
qué calvario no saber olvidar,
qué amor, éste, tan singular,
qué cruz a la espalda nos echamos!
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El mundo nos queda pequeño,
pues, en su gran inmensidad
no hallamos respuesta a la ansiedad
queriendo ser, uno, del otro, dueño.
2222
Fontana

Jugando el azar estaba, sí,
y éste tan caprichoso
quiso poner ante mí
un rayo tan vivo y luminoso
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que mi corazón codicioso
no pudo por más que sucumbir
ante semejante ser fabuloso
pues, de mi vida, es el elixir.
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Fácil fue, mi puerta abrir,
un mundo de fantasía
hizo mis alas batir
dándome, a la vez, armonía;
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paradoja, es, o tal vez brujería,
no sé qué tiene este sol
que me deslumbra en la lejanía
y pierdo por él control
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pues, todo en él se aglutina cual crisol
fundiendo el amor con la vida
haciendo que se encienda el farol
y dejando que el deseo decida.
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Mi vida, en la tuya está detenida,
no la concibo sin aquel azar
que un día me halló estando hundida
y me hizo de nuevo bogar.
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Fontana

En la cárcel de mi ser, vivo,
de huesos desgastados, mis barrotes,
amarguras, sinsabores libo
pues, mi corazón quedó cautivo,
a medio germinar marchitaron mis brotes.
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Funesto sinvivir que no se apiada
de este frágil embalaje que me tapa,
la pena permanece a mí agarrada
desde el ocaso a la alborada,
siempre prendida en la solapa.
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Libérame, tú que puedes, de esa aldaba,
de la oscuridad que en mí enquistada
me hace de las tinieblas, esclava,
llévame de vuelta a tu alcazaba,
de libertad, quiero inhalar una bocanada.
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Fontana

Navegantes sin puerto ni rumbo,
así la vida nos podría describir a los dos,
pues vamos ambos de tumbo en tumbo
en este agitado océano, en nuestro navío veloz.
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Nadie nos tomó la delantera,
fue, quizá, que el timón de nuestra nave
no supo dar con la ruta, ni la clave,
arriando, antes de tiempo, la bandera.
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Las coordenadas se alían con el fracaso
y un mar de fondo nos arrastra,
y hoy, que el amor es tan frágil y escaso,
en la orilla, abandonado queda como una pulida lastra.
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Aunque... ¡No tan malos timoneles somos!
Nos desviamos con el primer reflujo que encontramos,
nos decimos adiós, pero, no nos marchamos,
esmerilamos los vértices para seguir eternamente romos.
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Fontana