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¡Tantas veces te había pensado,
tantas y tantas que..., tenías que llegar!
Un halcón azul hasta mi balcón ha volado,
un cielo de hombre que me hace soñar.
22
¡Que Dios te bendiga!, en tu despedida pusiste,
Dios me bendijo al ponerte en mi camino
y, si en él permaneces, jamás estaré triste
pues, melodía y fiesta es, tu acento argentino.
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Volar quiero, contigo, entre nubes vaporosas,
romper la barrera del sonido
deshojando camelias blancas, y azules rosas,
acunarte, cuando el cansancio te dé por vencido.
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¿Me escribirás?, preguntaste, y he aquí que lo hago
entre suspiros, pues, antes de irte, ya te echaba de menos,
y hasta tu vuelta, será un tiempo aciago,
me faltan tus alas, tu sonrisa y tus ojos serenos.
2222
Fontana

Caminando voy por la vida
al galope y enardecida,
del tiempo que por vivir me queda, poseída,
sorteando cualquier arremetida.
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Caminando por cárcavas profundas,
entre ciénagas nauseabundas,
corrientes de aguas moribundas,
que con amor, hubieran sido fecundas.
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Caminando, aplastando la maleza,
buscando entre abrojos la belleza,
entre espinas, la verdad y la nobleza,
sabiendo que ahí mi vida empieza.
22
Por la vida, siempre buscando vida,
negándome a fenecer antes de mi partida,
a la vida le estoy agradecida
por ese vigor, por la tea que sigue encendida.
2222
Fontana

Nunca saldré de este amargo cerco
que desde hace tiempo me ataja,
pues, aun perdida en ti la fe y la memoria
sigues siendo el único as de mi baraja
y, es que este corazón mío, ¡es tan terco!,
insiste en quererte, y no tengo escapatoria.
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Mándale tú, exígele no amarte,
sácale hasta la última gota de su sangre,
arráncale este amor tuyo a jirones,
déjalo que se apague, se desangre,
traspásalo de parte a parte
pues, me sale tu amor a borbotones.
2222
Fontana

Tres años han pasado,
tres inviernos que parecen una vida,
tres otoños que no han alterado
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mi amor y mi alma dolorida,
mi gratitud por haberme amado
hízome más dura tu partida.
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Eres cual canto rodado
que deslizándose por arena batida
a la playa queda ligado
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y, cuanto más roza mi herida...,
más, es de mi agrado,
más fuerte en mí tu amor anida,
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más cercano siento tu corazón alado
queriéndome dar la bienvenida
teniendo el mío abrigado.
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Tres años, tres inviernos, una vida
de tu luz, mi camino alumbrado,
con esa llama siempre encendida
en el cielo y de una estrella suspendida,
me gusta mirarla, te siento a mi lado.
2222
Fontana

A las orillas de tu ser, vive mi trémula vida
esperando que el torrente se me lleve,
con los pies hundidos en la blanca nieve,
los ojos secos, mientras llueve,
y del alma, por la soledad, desprendida.
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A las orillas de tus blancas sienes quedé,
oculta entre tus grises aladares,
de ganas, rota, por sentir tus pulgares
caminando hacia la cumbre de mis altares,
aunque eso..., jamás será..., lo sé.
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A las orillas de mi mente, nada queda,
desde hace tiempo ocupas el centro de mi frente,
en esta dura batalla soy la única contendiente
y nada puedo hacer contra este amor creciente
que flor a flor, hoy forma una extensa rosaleda.
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Fontana

Quién fuese sonrisa
para estar en tu boca permanentemente
acariciada por tu lengua huidiza,
por tu palabra ausente.
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Quién fuese suspiro, pena,
para poder sentir lo que tú sientes
en tu alma generosa y buena,
llena de anhelos ardientes.
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Quién fuese graduada lente
para ver desde tus ojos, sin prisa,
tu horizonte que es mi vida viniente,
serena, calma y lisa.
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Quién fuese uno de tus pensamientos frecuentes,
una sola abeja de tu colmena,
una gota de tus muchas fuentes
para nadar en ti, cual sirena.
2222
Fontana

Voz de melancolía,
triste como el tañer de una campana,
igual que viniste un día,
hoy, te vas con desgana.
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Querida Mari Trini, paisana,
tu silencio más que nunca es poesía,
hacia el cielo partiste de mañana
cantándole al amor, como sólo tú sabías.
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Gimiendo queda la melodía,
nunca fuiste esa que el mundo imaginaba,
tras tu quietud bullía una mar brava
que nunca quedó desierta ni vacía.
22
Tu tierra, que es la mía, te quería,
apenadas tus canciones, lloran tu partida,
aunque, esto no es una despedida,
sé que desde lo alto nos cantarás al despuntar el día.
2222
Fontana

¿En qué paraíso me hallo
que sin ti vivir ya puedo,
será que ya no me apuntas con el dedo,
o, quizá el olvido haya llegado?
Ya no me hundo, sino nado,
y a la orilla arribo con aliento,
atrás quedó el camino polvoriento,
las noches de enfado y sospechas,
de tantas y tantas abiertas brechas
cicatrizadas por el aburrimiento.
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Pero tú, en este momento, te dirás:
Si me escribe..., me recuerda...,
y por mucho que la memoria pierda,
lo vivido no la dejará en paz.
-No, ha sido un pensamiento fugaz,
las últimas letras del olvido,
mi amor, nuestro amor es ido
pero, en verde campo reposa
y, como la vida es caprichosa...
¡Quién sabe si es, o no, punto y seguido!-
2222
Fontana

Se me escapa el alma cuando te veo
y mis labios te niegan el habla,
una promesa cumplo, pero el corazón me salta,
veo tu ventana abierta, y siento un cosquilleo.
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Se me encoge el alma si tu nombre veo escrito,
el deseo me corta con el filo de su navaja,
y cerrando el puño, quedo triste, cabizbaja,
doliéndome el dolor hasta lo infinito.
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Se me muere el ser, y con él el alma
cuando pienso lo que te echo en falta,
te sigo pensando como mi torre más alta,
y yo, en mi pequeñez, quien más te ama.
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Pero el juramento que me hice, asumo,
devoro llanto, pena, y sobre ellos me encaramo,
sólo a mí misma la culpa reclamo
y entre yermos amaneceres, me consumo.
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Fontana

Cavé un hoyo en la arena,
donde el agua, pensé, no llegaría,
pues lo que iba a enterrar, temía,
volviera a florecer como la azucena.
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Tu recuerdo, con olvido lo quise esconder
bajo una montaña de pena,
pero cuando la furia del amor atruena,
montaña, hoyo, ni pena, la puede adormecer.
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Fontana

En el libro de mi vida, entre hoja y hoja
duerme la arena que el viento deposita,
poso de algazara que de un lado a otro se agita,
mientras las cuitas, derraman su savia roja.
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Página a página, deshojando la margarita,
sí, no, sí, no..., es mi vida una paradoja,
exultante de alegría, y rota por la congoja,
en su justa medida, ninguna, ni finita.
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Letras, que como gotas de fino rocío,
van calando, formando parte de otra hoja,
cada pliego alimenta al mismo río
para desembocar en ese mar bravío
que, aun mansamente calmo, todo lo moja.
2222
Fontana

Por si algún día lo necesitaras...
Mis pupilas tienes de por vida
para albergar una lágrima fluida
si alguna derrota en ti tatuaras.
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Mis dedos, que pacientes reposan,
por si una caricia precisaras,
por si de otras manos avaras
notaras que con desidia en ti se posan.
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Mis mejillas sonrosadas
aguardan recoger tus vergüenzas,
tuyas son, si en horas tensas
las tuyas se ven sonrojadas.
22
Mi palabra, por si la tuya se trabara,
defenderte quiero a muerte,
o, si no pudieras expresarte,
dar por ti la cara.
22
Mis uñas que con ternura y codicia
surcarían los mares de tu piel
pero, con astucia serían tu lebrel
dando caza a la injusticia.
22
Mi entusiasmo, la fuerza del querer,
por si tu ánimo desfalleciera,
sabes que ahí fuera espera,
y por ti, nunca ha de desvanecer.
22
Aquí me tienes para cuanto imaginaras,
la vida te diera, aunque no me amaras,
mi ventana entreabierta queda, por si llamaras,
por si algún día, me necesitaras...
2222
Fontana

Corría el año mil novecientos setenta y ocho,
aires de libertad inyectados directamente en vena,
una juventud emergía, salía de la colmena,
atrás quedaban la represión y las mentiras de Pinocho.
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Recuerdo una cafetería, donde en su parte alta, había
techo bajo, oscuridad ardiente y una ventana sin salida,
en la planta baja, la máquina giradiscos era la alegría,
¡qué recuerdos!, canciones y monedas se acaban enseguida.
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Una melodía, había, que sonaba más que las demás,
bueno..., cuando menos, mientras yo allí permanecía,
hoy, llorar me hace todavía, de olvidarla no he sido capaz,
remembranzas de juventud, de un gran amor que florecía.
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“Fernando”, aquella canción, los momentos, los tambores
redoblan y redoblan en mi limada y evocadora memoria,
aquella lumbre azul que tantas veces nos llenó de colores,
hoy, pasados los años, aún hacen girar esa añorada noria.
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Fontana

Me rasgo en llanto amargo
si en tus pocos años pienso,
me sonrojo y avergüenzo
pero hacerme quiero cargo
de que vivir es muy largo,
que para todo habrá espacio
y aunque llegue despacio
el alba nos ha de sorprender,
y en espera de tu madurez,
seguiré brillando, cual topacio.
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Fontana

Entre los mimbres, el viento se deja oír,
pregunta qué fue de aquella voluntad:
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¿Quién te hizo dejar de sonreír
que en tu gesto sólo veo ansiedad?
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¿Quién con infinita crueldad,
anulándote te llegó a cohibir?
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¿Quién en su insana barbaridad,
de vana beldad te quiso cubrir?
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¿Quién se apoderó de tu discernir
que ya no encuentras la verdad?
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El doblar de la mimbrera mitiga mi crujir
escorándonos las dos con vientos de soledad.
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Fontana

Sin esperanza se mecen los alisos,
ya no pueden verte,
sus rojos frutos, ahora cobrizos,
caen en el suelo inerte.
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Sin sol vive la blanca gardenia,
grisáceo tornó su color,
su mullida tierra, ahora es peña,
no te siente a su alrededor.
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Sin olor crecen las rosas,
espinas como lanzas, en su tallo,
a ellas, no vienen las mariposas,
no ven de tu sol el rayo.
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Sin alegría, las flores viven,
penumbra se hizo en su entorno
y es que los brotes no conciben
su color, tú eras su adorno.
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Fontana

Vivir es, perseguir el viento
en busca de aquello que un día soñaste,
matar el tedio, el descontento,
ensimismarte en el complaciente arrobamiento,
estar con la persona que siempre amaste.
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Robarle a la primavera el resurgimiento,
guardarse la calidez de un día de sol,
para luego, de las estaciones quedar desatento
y en el bagaje de las horas hacer tu asiento,
hacer de todo acontecimiento, un crisol.
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Es, vivir, simplemente estar sediento,
llenar, si se vacía, la crátera de la vida,
abstraerse, hacer que sea un descubrimiento,
llegar a lo infinito con el pensamiento
y mantener la llama de la sorpresa, encendida.
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Fontana