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En la cárcel de mi ser, vivo,
de huesos desgastados, mis barrotes,
amarguras, sinsabores libo
pues, mi corazón quedó cautivo,
a medio germinar marchitaron mis brotes.
22
Funesto sinvivir que no se apiada
de este frágil embalaje que me tapa,
la pena permanece a mí agarrada
desde el ocaso a la alborada,
siempre prendida en la solapa.
22
Libérame, tú que puedes, de esa aldaba,
de la oscuridad que en mí enquistada
me hace de las tinieblas, esclava,
llévame de vuelta a tu alcazaba,
de libertad, quiero inhalar una bocanada.
2222
Fontana

Navegantes sin puerto ni rumbo,
así la vida nos podría describir a los dos,
pues vamos ambos de tumbo en tumbo
en este agitado océano, en nuestro navío veloz.
22
Nadie nos tomó la delantera,
fue, quizá, que el timón de nuestra nave
no supo dar con la ruta, ni la clave,
arriando, antes de tiempo, la bandera.
22
Las coordenadas se alían con el fracaso
y un mar de fondo nos arrastra,
y hoy, que el amor es tan frágil y escaso,
en la orilla, abandonado queda como una pulida lastra.
22
Aunque... ¡No tan malos timoneles somos!
Nos desviamos con el primer reflujo que encontramos,
nos decimos adiós, pero, no nos marchamos,
esmerilamos los vértices para seguir eternamente romos.
2222
Fontana

Envíame desde el cielo un te quiero
que recorra todo mi cuerpo
hasta el centro por el que trepo
para llegar al infinito donde te espero.
22
No quiero hablarle a la tierra
sino al cielo que tiene tus negros ojos
prisioneros bajo cuatro cerrojos
tras esa puerta que te encierra.
22
Háblame desde esa estrella,
desde ese pico del que te balanceas
meciéndote entre azaleas,
camelias blancas y centellas.
22
Envíame un rayo de sol en el que se lea:
Te quiero, con vida y sin ella,
en mí dejaste tal huella
que no la borra ni la más violenta marea.
2222
Fontana

Ayer me aventuré, allende los mares,
y cruzando el Atlántico te encontré
entre girasoles, trigos y olivares,
Tres Arroyos..., de ello dan fe.
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Bienhechor Abel, ante vos me rindo,
sos campo, río, urbe y playa,
fresco y dulce como el tamarindo,
un buen argentino donde los haya.
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Tu peculiar deje tomo prestado
con licencia de la castellana poesía,
y es que con él me has prendado
como también lo hizo tu galantería.
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Desde hoy, esperaré junto a este puerto
el regreso de ese barco que a mi bahía llegó,
con el corazón de par en par abierto
para estrechar la mano, que a la mía se ciñó.
2222
Fontana

Después de estos días de asueto
donde cuerpo y mente se laxa
vuelvo de nuevo a casa
y me encuentro con tu soneto.
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“Novia de tu soledad”, me llamas,
ángel azul llegado del cielo, te respondo,
en mí reparas, y en ti me escondo
para hacer de nuestro vivir una amalgama.
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Romper quiero tu triste encierro,
hacerlo estallar en mil cachitos,
recoger cada uno de los pedacitos
en una cajita, y ponerlos camino del destierro
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echándola al cauce de un profundo río,
y a la deriva, cuando llegue a mar abierto
el tiempo y la pleamar la regresará a puerto
vacía de soledad, desconsuelo y frío;
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la recompondremos llenándola de alegría,
dulces palabras, alborozos,
de inacabables días luminosos,
de puestas y amaneceres, en ésa, nuestra bahía.
2222
Fontana

Yo persigo un sueño
que por muy soñado, nunca alcanzo,
sueño en el que veo un remanso
de agua, y en el centro, ardiendo un leño.
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Tibias mis horas se ondulan
en esa laguna sin olas,
reverberan notas de cien pianolas
y miles de mariposas por mi interior pululan.
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Calma, mi vida, está a mis años,
se despereza en un prolongado bostezo
que se ahoga en ese fluido espeso
que son tus ojos castaños.
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Asirme, busco, a esa antorcha ardiente
que en el centro de la charca flamea,
emerger, corchea tras corchea
y, miles de mariposas me muestren un sol naciente.
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Fontana

¡Tantas veces te había pensado,
tantas y tantas que..., tenías que llegar!
Un halcón azul hasta mi balcón ha volado,
un cielo de hombre que me hace soñar.
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¡Que Dios te bendiga!, en tu despedida pusiste,
Dios me bendijo al ponerte en mi camino
y, si en él permaneces, jamás estaré triste
pues, melodía y fiesta es, tu acento argentino.
22
Volar quiero, contigo, entre nubes vaporosas,
romper la barrera del sonido
deshojando camelias blancas, y azules rosas,
acunarte, cuando el cansancio te dé por vencido.
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¿Me escribirás?, preguntaste, y he aquí que lo hago
entre suspiros, pues, antes de irte, ya te echaba de menos,
y hasta tu vuelta, será un tiempo aciago,
me faltan tus alas, tu sonrisa y tus ojos serenos.
2222
Fontana

Caminando voy por la vida
al galope y enardecida,
del tiempo que por vivir me queda, poseída,
sorteando cualquier arremetida.
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Caminando por cárcavas profundas,
entre ciénagas nauseabundas,
corrientes de aguas moribundas,
que con amor, hubieran sido fecundas.
22
Caminando, aplastando la maleza,
buscando entre abrojos la belleza,
entre espinas, la verdad y la nobleza,
sabiendo que ahí mi vida empieza.
22
Por la vida, siempre buscando vida,
negándome a fenecer antes de mi partida,
a la vida le estoy agradecida
por ese vigor, por la tea que sigue encendida.
2222
Fontana

Nunca saldré de este amargo cerco
que desde hace tiempo me ataja,
pues, aun perdida en ti la fe y la memoria
sigues siendo el único as de mi baraja
y, es que este corazón mío, ¡es tan terco!,
insiste en quererte, y no tengo escapatoria.
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Mándale tú, exígele no amarte,
sácale hasta la última gota de su sangre,
arráncale este amor tuyo a jirones,
déjalo que se apague, se desangre,
traspásalo de parte a parte
pues, me sale tu amor a borbotones.
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Fontana

Tres años han pasado,
tres inviernos que parecen una vida,
tres otoños que no han alterado
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mi amor y mi alma dolorida,
mi gratitud por haberme amado
hízome más dura tu partida.
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Eres cual canto rodado
que deslizándose por arena batida
a la playa queda ligado
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y, cuanto más roza mi herida...,
más, es de mi agrado,
más fuerte en mí tu amor anida,
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más cercano siento tu corazón alado
queriéndome dar la bienvenida
teniendo el mío abrigado.
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Tres años, tres inviernos, una vida
de tu luz, mi camino alumbrado,
con esa llama siempre encendida
en el cielo y de una estrella suspendida,
me gusta mirarla, te siento a mi lado.
2222
Fontana

A las orillas de tu ser, vive mi trémula vida
esperando que el torrente se me lleve,
con los pies hundidos en la blanca nieve,
los ojos secos, mientras llueve,
y del alma, por la soledad, desprendida.
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A las orillas de tus blancas sienes quedé,
oculta entre tus grises aladares,
de ganas, rota, por sentir tus pulgares
caminando hacia la cumbre de mis altares,
aunque eso..., jamás será..., lo sé.
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A las orillas de mi mente, nada queda,
desde hace tiempo ocupas el centro de mi frente,
en esta dura batalla soy la única contendiente
y nada puedo hacer contra este amor creciente
que flor a flor, hoy forma una extensa rosaleda.
2222
Fontana

Quién fuese sonrisa
para estar en tu boca permanentemente
acariciada por tu lengua huidiza,
por tu palabra ausente.
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Quién fuese suspiro, pena,
para poder sentir lo que tú sientes
en tu alma generosa y buena,
llena de anhelos ardientes.
22
Quién fuese graduada lente
para ver desde tus ojos, sin prisa,
tu horizonte que es mi vida viniente,
serena, calma y lisa.
22
Quién fuese uno de tus pensamientos frecuentes,
una sola abeja de tu colmena,
una gota de tus muchas fuentes
para nadar en ti, cual sirena.
2222
Fontana

Voz de melancolía,
triste como el tañer de una campana,
igual que viniste un día,
hoy, te vas con desgana.
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Querida Mari Trini, paisana,
tu silencio más que nunca es poesía,
hacia el cielo partiste de mañana
cantándole al amor, como sólo tú sabías.
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Gimiendo queda la melodía,
nunca fuiste esa que el mundo imaginaba,
tras tu quietud bullía una mar brava
que nunca quedó desierta ni vacía.
22
Tu tierra, que es la mía, te quería,
apenadas tus canciones, lloran tu partida,
aunque, esto no es una despedida,
sé que desde lo alto nos cantarás al despuntar el día.
2222
Fontana

¿En qué paraíso me hallo
que sin ti vivir ya puedo,
será que ya no me apuntas con el dedo,
o, quizá el olvido haya llegado?
Ya no me hundo, sino nado,
y a la orilla arribo con aliento,
atrás quedó el camino polvoriento,
las noches de enfado y sospechas,
de tantas y tantas abiertas brechas
cicatrizadas por el aburrimiento.
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Pero tú, en este momento, te dirás:
Si me escribe..., me recuerda...,
y por mucho que la memoria pierda,
lo vivido no la dejará en paz.
-No, ha sido un pensamiento fugaz,
las últimas letras del olvido,
mi amor, nuestro amor es ido
pero, en verde campo reposa
y, como la vida es caprichosa...
¡Quién sabe si es, o no, punto y seguido!-
2222
Fontana

Se me escapa el alma cuando te veo
y mis labios te niegan el habla,
una promesa cumplo, pero el corazón me salta,
veo tu ventana abierta, y siento un cosquilleo.
22
Se me encoge el alma si tu nombre veo escrito,
el deseo me corta con el filo de su navaja,
y cerrando el puño, quedo triste, cabizbaja,
doliéndome el dolor hasta lo infinito.
22
Se me muere el ser, y con él el alma
cuando pienso lo que te echo en falta,
te sigo pensando como mi torre más alta,
y yo, en mi pequeñez, quien más te ama.
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Pero el juramento que me hice, asumo,
devoro llanto, pena, y sobre ellos me encaramo,
sólo a mí misma la culpa reclamo
y entre yermos amaneceres, me consumo.
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Fontana

Cavé un hoyo en la arena,
donde el agua, pensé, no llegaría,
pues lo que iba a enterrar, temía,
volviera a florecer como la azucena.
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Tu recuerdo, con olvido lo quise esconder
bajo una montaña de pena,
pero cuando la furia del amor atruena,
montaña, hoyo, ni pena, la puede adormecer.
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Fontana

En el libro de mi vida, entre hoja y hoja
duerme la arena que el viento deposita,
poso de algazara que de un lado a otro se agita,
mientras las cuitas, derraman su savia roja.
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Página a página, deshojando la margarita,
sí, no, sí, no..., es mi vida una paradoja,
exultante de alegría, y rota por la congoja,
en su justa medida, ninguna, ni finita.
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Letras, que como gotas de fino rocío,
van calando, formando parte de otra hoja,
cada pliego alimenta al mismo río
para desembocar en ese mar bravío
que, aun mansamente calmo, todo lo moja.
2222
Fontana